martes, 24 de febrero de 2015

Escépticos 12: “¿Hijos de Dios?”

Duodécimo episodio de la serie ESCÉPTICOS, dedicado a las religiones.



Anteúltimo episodio de la serie de divulgación Escépticos, con la conducción de Luis Alfonso Gámez y dirección José A. Pérez. El programa aborda las diversas creencias populares, pseudociencias y charlatanerías desde un punto de vista racional, pero siempre conservando el buen humor.


En este programa, Luis Alfonso Gámez y un grupo de destacados expertos analizan las inconsistencias de las religiones más influyentes y el problemas de las mismas con los valores democráticos contemporáneos. También abordan la polémica 'ciencia vs religión'. ¿Pueden convivir ciencia y religión? ¿Qué opinan los grandes cultos de cuestiones científicas como el Big-Bang o la evolución? ¿Por qué las grandes religiones relegan a las mujeres? ¿Qué diferencia a una religión de una secta?

 
Creador, escritor y director: José A. Pérez - Presentador: Luis Alfonso Gámez - Producción: ETB - Producción ejecutiva: Blanca Baena - Realización y montaje: Aitor Gutiérrez - Fotografía: Jon D. Domínguez - Música: Israel Santamaría - Año: 2011 - Emitido el 5 de diciembre de 2011.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Escépticos 11: “¿Superstición?”

Unécimo episodio de la serie ESCÉPTICOS, dedicado a las supersticiones, la suerte y las leyendas urbanas.

 

 

Otro episodio más de la serie de divulgación Escépticos, con la conducción de Luis Alfonso Gámez y la dirección José A. Pérez. El programa aborda las diversas creencias populares, pseudociencias y charlatanerías desde un punto de vista racional, pero siempre conservando el buen humor.

¿De dónde viene el miedo a pasar bajo una escalera? ¿Trae mala suerte derramar la sal? ¿Los gatos negros son un mal augurio? El undécimo capítulo de la serie, titulado “¿Superstición?”, se centra en las supersticiones más populares, la suerte y las leyendas urbanas, examina su origen y trata de explicar el azar, los amuletos y las cábalas.

 
Creador, escritor y director: José A. Pérez - Presentador: Luis Alfonso Gámez - Producción: ETB - Producción ejecutiva: Blanca Baena - Realización y montaje: Aitor Gutiérrez - Fotografía: Jon D. Domínguez - Música: Israel Santamaría - Año: 2011 - Emitido el 28 de noviembre de 2011.

jueves, 12 de febrero de 2015

Escépticos 10: “¿Salud de consumo?"

Décimo episodio de la serie ESCÉPTICOS, dedicado a analizar algunas cuestiones sanitarias en boga, como la industria farmacéutica, la controversia con las vacunas y el caso de la gripe A.



Nuevo episodio de la serie de divulgación Escépticos, con la conducción de Luis Alfonso Gámez y la dirección José A. Pérez. El programa aborda las diversas creencias populares, pseudociencias y charlatanerías desde un punto de vista racional, pero siempre conservando el buen humor.

El décimo capítulo de la serie, titulado "¿Salud de Consumo?", pone su mirada en algunas cuestiones sanitarias que han generado polémica en los últimos años, tales como la gripe A, las vacunas y el movimiento antivacunación, las faltas éticas en la industria farmacéutica y el consumo de medicamentos.  

¿Es cierto que la industria farmacéutica busca enfermarnos para aumentar las ventas? ¿Tomamos más medicamentos de los necesarios? ¿Son peligrosas las vacunas? ¿Exageraron las consecuencias de la gripe A? ¿Actuó bien la Organización Mundial de la Salud? ¿Había alguna clase de acuerdo entre la OMS y las farmacéuticas? ¿Realmente tenemos toda la información que necesitamos?

En este programa, junto a grandes expertos en salud, descubriremos cómo nace la creencia de que las vacunas son malas para los niños y qué paso exactamente en los primeros días de la pandemia de gripe A.
 
 
Creador, escritor y director: José A. Pérez - Presentador: Luis Alfonso Gámez - Producción: ETB - Producción ejecutiva: Blanca Baena - Realización y montaje: Aitor Gutiérrez - Fotografía: Jon D. Domínguez - Música: Israel Santamaría - Año: 2011 - Emitido el 21 de noviembre de 2011.

miércoles, 4 de febrero de 2015

¿Por qué las falsas terapias a veces parecen funcionar?

Diez razones que explican el "a mí me funciona" de las terapias alternativas.

A menudo, personas inteligentes como los pacientes y sus terapeutas pueden llegar a creer que determindo tratamiento ha ayudado a alguien, cuando en realidad no fue así. Esto vale tanto para los nuevos tratamientos de la medicina científica, como para las panaceas que se ofrece en la medicina popular, en las prácticas marginales de la "medicina alternativa" o en el curanderismo.


Según el Dr. Barry L. Beyerstein, muchos tratamientos dudosos se siguen vendiendo porque existen clientes que ofrecen testimonios del tipo: "Yo lo probé, y me dio resultado, así que debe ser efectivo". Muchas veces, los medios de comunicación suelen retratar testimonios como prueba válida pero, sin las evidencias adecuadas es difícil o imposible de determinar si esto es así o no.


Beyerstein, cita diez razones por las cuales las personas pueden concluir  que un tratamiento ineficaz funciona:

1. La enfermedad puede haber seguido su curso natural
Muchas enfermedades son autolimitadas. Si la condición no es crónica o mortal, los propios procesos recuperativos del cuerpo suelen restaurar la salud al paciente. Por lo tanto, para demostrar que un tratamiento es eficaz, sus proponentes deben demostrar que el número de pacientes que mejoran supera el número esperado que se recuperan sin tratamiento alguno (o que se recuperan de forma notablemente más rápido que si no se trataran). Sin un registro detallado de los éxitos y fracasos de un número suficientemente grande de pacientes con el mismo problema, no se puede concluir nada sobre la presunta efectividad.

2. Muchas enfermedades son cíclicas
Condiciones tales como la artritis, la esclerosis múltiple, alergias y problemas gastrointestinales son ejemplos de enfermedades que normalmente suelen tener "altos y bajos". Naturalmente, los pacientes tienden a buscar la terapia durante la peor parte del ciclo. De esta manera, un tratamiento ficticio tendrá repetidas oportunidades de coincidir con la mejora, que habría ocurrido de todos modos con o sin el tratamiento. Una vez más, en ausencia de grupos de control apropiados, los consumidores y vendedores por igual son propensos a malinterpretar una mejoría debido a la variación cíclica normal, como si se tratase de un efecto terapéutico válido.

3. Remisión espontánea
Ciertas curas reportadas anecdóticamente pueden deberse a la rara pero posible "remisión espontánea". Incluso, en ocasiones, algunos cánceres con mal pronóstico desaparecen sin tratamiento adicional. Un oncólogo con experiencia reportó que ha visto doce de esos eventos entre cerca de seis mil casos que ha tratado (Silverman, 1987). Los mecanismos exactos responsables de remisiones espontáneas no se conocen bien, pero muchas investigaciones se están dedicando a revelar y posiblemente aprovechar esos procesos del organismo, responsables de esas mejorías inesperadas. Por su parte, las terapias alternativas pueden recibir el crédito por este tipo de remisiones, debido a que muchos pacientes desesperados recurren a ellas cuando sienten que no tienen nada que perder. Cuando las terapias "alternativas" afirman que han alejado a muchas personas deshauciadas de la muerte, rara vez revelan qué porcentaje de su clientela representa esa feliz excepción. Lo que se necesita es la evidencia estadística de que sus "tasas de curación" superan la tasa de remisión espontánea conocida y la tasa de respuesta al placebo para las condiciones que dicen tratar.

4. El efecto placebo puede ser el responsable
A través de la sugestión, la creencia, la esperanza, la reinterpretación cognitiva y la desviación de la atención, muchos pacientes que reciben tratamientos biológicamente inútiles a menudo experimentan un alivio medible. Algunas respuestas al placebo producen cambios reales en la condición física, mientras que otros son cambios subjetivos que hacen que los pacientes se sientan mejor a pesar de que no ha habido ningún cambio objetivo en la patología subyacente.


5. Algunos síntomas podrían haber sido psicosomáticos
Una dificultad constante para tratar de medir la eficacia terapéutica es que muchos padecimientos físicos pueden surgir de la angustia psicosocial y se alivian con apoyo y consuelo. A primera vista, estos síntomas (en varios momentos llamados "psicosomáticos", "histéricos", o "neurasténicos") se asemejan a síndromes médicos reconocidos. Los sanadores "alternativos" atienden a estos miembros "sanos preocupados" que son erróneamente convencidos de que están enfermos. Sus quejas son instancias de somatización, la tendencia a expresar sus preocupaciones psicológicas en un lenguaje de síntomas similares a los de las enfermedades orgánicas. Las terapeutas "alternativos" ofrecen confort a estos individuos que, por razones psicológicas, necesitan que otros creean que hay etiologías orgánicas para sus síntomas. A menudo, con la ayuda de dispositivos de diagnóstico pseudocientíficos, estos practicantes marginales refuerzan la convicción del somatizador de que el establishment médico de mente cerrada y sangre fría, no puede encontrar nada que esté físicamente mal porque es tanto incompetente como desleal al negarse a reconocer una condición orgánica muy real. Una gran parte de los diagnosticados con "fatiga crónica", "síndrome de sensibilidad ambiental", y varios trastornos de estrés se parecen mucho a somatizadores clásicos. Cuando el terapeuta complementario realiza el ritual de "entrega del tratamiento", proporciona la tranquilidad, el sentido de pertenencia y el apoyo existencial que buscan sus clientes. La desventaja de atender el deseo de un diagnóstico médico para condiciones psicológicas es que promueve el pensamiento pseudocientífico y mágico, mientras indebidamente aumenta las tasas de éxito de los charlatanes. Lo más triste de todo es que se perpetúa el sentimiento anacrónico de que hay algo vergonzoso o ilegítimo con los problemas psicológicos.

6. Alivio sintomático versus cura
A falta de una verdadera cura, lo que más valoran los enfermos es el alivio del dolor y malestares. Muchos tratamientos curativos supuestamente ofrecidos por los médicos alternativos, si bien no puede afectar el proceso de la enfermedad en sí, pueden hacer más soportable la enfermedad por razones psicológicas. El dolor es un ejemplo.
 Hay investigaciones que muestran que el dolor es en parte una sensación como ver o escuchar, y en parte una emoción. Se ha encontrado repetidamente que la reducción con éxito del componente emocional del dolor deja una porción sensorial sorprendentemente tolerable. Por lo tanto, el sufrimiento a menudo puede ser reducido por medios psicológicos, incluso si la patología subyacente no fue tratada. Todo lo que pueda aliviar la ansiedad, redirigir la atención, reducir la excitación, fomentar un sentido de control o dar lugar a la reinterpretación cognitiva de los síntomas puede aliviar el dolor. Esto es bueno siempre que los pacientes sufran menos, pero hay que tener cuidado de que el alivio puramente sintomático no desvíe a la gente de los remedios probados hasta que es demasiado tarde para que sean efectivos.

 7. La terapia "complementaria" se lleva todo el crédito
En un intento por atraer a una clientela más amplia, muchos sanadores y terapeutas no ortodoxos han comenzado a referirse a sí mismos como "complementarios" en lugar de "alternativos". En vez de despotricar contra la medicina convencional, algunos terapeutas "alternativos" han empezado a anunciar que pueden mejorar o potenciar los tratamientos biomédicos convencionales. Aceptan que los practicantes de la medicina ortodoxa pueden aliviar síntomas específicos, mientras sostienen que la medicina alternativa trata las causas reales de la enfermedad -dudosos desequilibrios alimentarios, sensibilidades ambientales, campos de energía alterados o incluso conflictos no resueltos de encarnaciones anteriores-. Si la mejoría se da combinando la terapia de base científica con tratamientos "complementarios", el tratamiento alternativo se lleva una parte desproporcionada del crédito.


 8. Diagnóstico erróneo (del médico o de uno mismo)
En esta era de la obsesión de medios con la salud, muchas personas pueden ser inducidas a pensar que tienen enfermedades que en realidad no tienen. Cuando esta gente sana recibe la noticia inesperada de su médico de que no presenta signos orgánicos de enfermedad, suelen recurrir a terapeutas alternativos que casi siempre pueden encontrar algún tipo de "desequilibrio" que tratar. Y, si le sigue una "recuperación", nace otro converso.
Por supuesto, los médicos con formación científica no son infalibles. Un diagnóstico erróneo, seguido de un viaje a un santuario o de un sanador "alternativo", puede conducir a un testimonio conmovedor sobre la cura de una grave enfermedad de que nunca existió. Otras veces el diagnóstico puede ser el correcto, pero el período de tiempo -que es inherentemente difícil de predecir- podría resultar inexacto. Si un paciente con una enfermedad terminal se somete a tratamientos alternativos y sobrevive más tiempo del que predijo su médico, el procedimiento alternativo puede recibir crédito por prolongar la vida, cuando en realidad no era más que un pronóstico excesivamente pesimista -la supervivencia fue más larga que la esperada, pero dentro del rango de variación estadística normal de la enfermedad-.

9. Mejora temporal en el estado de ánimo que se puede confundir con una curación
Curanderos alternativos suelen tener personalidades fuertes y carismáticas. A medida que el paciente es arrastrado por los aspectos mesiánicos de la medicina alternativa, puede sobrevenir una mejoría de su estado psicológico.
Si un sanador optimista y entusiasta logra levantar el ánimo y las expectativas del paciente, este optimismo puede conducir a un mayor cumplimiento, y por tanto eficacia, de los tratamientos médicos que pudiese estar recibiendo. Esta actitud expectante también puede motivar a la gente a comer y dormir mejor y hacer ejercicio y socializar más. Estos, por sí mismos, podrían ayudar a acelerar la recuperación natural.
Este tipo de efecto psicológico también puede reducir el estrés, que ha demostrado tener consecuencias perjudiciales sobre el sistema inmunitario. La eliminación de esta carga adicional puede acelerar la curación, aún cuando no sea un efecto específico de la terapia. Al igual que con el alivio sintomático puro, esto está lejos de ser algo malo, a menos que se desvíe al paciente de tratamientos probados o que los cargos sean exorbitantes.

10. La necesidad psicológica puede distorsionar lo que las personas perciben y hacen
Incluso cuando no se produce una mejoría objetiva, las personas que apuestan fuerte a la "medicina alternativa" pueden convencerse a sí mismas de que han sido ayudadas. Según la teoría de la disonancia cognitiva, cuando las experiencias contradicen actitudes existentes, los sentimientos o el conocimiento, se produce angustia mental. La gente tiende a aliviar esta discordia reinterpretando (distorsionando) la información que le ofende. Si no hay alivio, aún después de comprometer tiempo, dinero y la "cara" en un tratamiento alternativo, puede dar lugar a la falta de armonía interna. Resulta demasiado desconcertante admitir que todo ha sido un desperdicio. La fuerte presión psicológica hace que se encuentre algún valor con el cual redimir el tratamiento, en vez de asumir que los esfuerzos han sido en vano. Las creencias básicas tienden a ser defendidas vigorosamente, deformando la percepción y la memoria. Los practicantes holísticos y sus clientes son propensos a malinterpretar las señales y recordar las cosas como desearían que hubiesen ocurrido. Pueden ser selectivos en lo que recuerdan, sobrestimando sus éxitos aparentes e ignorando, minimizando o descartando sus fracasos. El método científico se desarrolló en gran parte a reducir el impacto de esta tendencia humana para saltar a conclusiones agradables. Además, las personas normalmente se sienten obligadas a corresponder cuando alguien les hace una buena acción. Como la mayoría de los terapeutas "alternativos" creen sinceramente que están ayudando, es natural que los pacientes quieren complacerlos a cambio. Sin darse cuenta, el paciente necesariamente infla su percepción sobre los supuestos beneficios que ha recibido.


Conclusión
El trabajo de distinguir tratamientos reales de relaciones causales espurias requiere estudios bien diseñados y abstracciones lógicas de grandes masas de datos. Muchas fuentes de error pueden engañar a la gente que confía en la intuición o el razonamiento informal para analizar eventos complejos. Antes de aceptar cualquier tipo de tratamiento, se debe estar seguro de que tiene sentido y ha sido validada científicamente a través de estudios que controlan las respuestas al placebo, los efectos de cumplimiento, y los errores de juicio. Se debe tener mucho cuidado si la "evidencia" consiste únicamente en testimonios, panfletos y libros autopublicados, o artículos de los medios de comunicación populares.



Fuentes
Traducción del texto original escrito por Barry L. Beyerstein, Ph.D.

domingo, 1 de febrero de 2015

¿Es peligroso el wifi? Respuesta: NO.

La influencia de las ondas de telefonía sobre la salud es tan insignificante como la de una bombilla situada a un kilómetro, según estudio.

 

Un estudio realizado durante cuatro años por investigadores españoles concluye que la influencia de las ondas de telefonía sobre la salud es tan insignificante, como la de una bombilla situada a 1km de distancia.



escrito por Judith de Jorge vía ABC.es

¿Recuerda cuando se decía que los microondas podían perjudicar la salud? Hubo un tiempo en el que temíamos calentar la comida en ese nuevo electrodoméstico por el temor de sacar de ahí un plato «atómico» además de recalentado. Superadas las primeras inquietudes, hemos aceptado el calentamiento por rozamiento como parte de nuestra vida cotidiana sin prestarle más atención que la de no pasarnos con los minutos. 

La influencia de las ondas de telefonía sobre la salud es tan insignificante como la de una bombilla situada a 1km, según el estudio.

Ahora, son otro tipo de ondas las que nos traen de cabeza. La idea de que la telefonía móvil o el wifi pueden perjudicar la salud está muy extendida, hasta el punto de que existen peticiones para eliminar las redes inalámbricas de los colegios y evitar la exposición en los más pequeños, y otros acusan a las antenas de estar enfermos o padecer cáncer. En algunos casos incluso han conseguido retirarlas.

¿Hay realmente un fundamento serio para temer al wifi o nos encontramos con un nuevo «caso microondas»? Para un equipo de doctores en Física de la Facultad de Medicina y la Escuela Superior de Ingeniería Informática de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), la «antenafobia» no tiene ningún sentido. Ellos están convencidos: Estas nuevas tecnologías son inocuas para la salud.

Durante cuatro años, los investigadores midieron en Albacete la exposición de 75 personas a estas ondas en 14 bandas de frecuencia, FM, TETRA, TV y las seis bandas de telefonía móvil, wifi, el inalámbrico (DECT), etc... Los voluntarios portaban sus medidores exposímetros con una sensibilidad de 0,000000066W/m², el más preciso del mercado, durante todo el día y hacían vida normal, anotando por dónde iban. También llevaban encima un GPS con el que después eran situados en un mapa. En total, se realizaron 8.640 registros por voluntario y se obtuvieron 13 millones de datos.

Según los resultados, en promedio por banda de frecuencia, la radiación media recibida «es la equivalente a la que recibiríamos de una bombilla de 100W a 1km de distancia», es decir, algo insignificante. Por ejemplo, la radiación media más alta es la de una vieja conocida, la FM, con la que llevamos conviviendo cien años: 0,0001W/m², mil veces por debajo del límite legal. Las de las diferentes bandas de telefonía pueden ir de 0,00004W/m² a 0,00001304W/m², aún más bajas. Los valores máximos tampoco superaron los límites legales en ningún momento, en ninguna banda. El 90% de los registros se encontraba entre 500 y 10.000 veces por debajo del límite legal.


No apago el wifi
«La radiación por radiofrecuencia puede compararse a un caracol en una autovía: nunca hará saltar ningún radar porque su velocidad es la diezmilésima parte de la máxima permitida», afirma el físico Enrique Arribas Garde, director del grupo de investigación de ondas de RF de la UCLM. Según explica, el estudio puede extrapolarse perfectamente a una gran ciudad como Madrid con los mismos resultados (ya que la densidad de antenas está relaciona con la densidad de población). E insiste: «No hay ningún estudio que correlacione la radiofrecuencia con el cáncer. Yo en mi casa no apago el wifi, ni con niños ni ahora con mi nieta. Con eso lo digo todo».


 A su juicio, «hay un interés en decir que el wifi es dañino para vender falsas curaciones. A eso se suma que la ignorancia es muy atrevida. En su día, el tren también era una máquina diabólica». Y recuerda: «El mando a distancia de la tele es 10.000 veces más potente que las ondas de radiofrecuencia y a nadie parece preocuparle».

Precisamente, el estudio nació después de que un movimiento antiantenas de Albacete lograra retirar una acusándola de ser la responsable de algunos casos de cáncer. Pero los números de sus mediciones, como dice Alberto Nájera, principal investigador, hablan por sí solos. A ese respecto, apuesta por transmitir «total tranquilidad». «La pseudociencia se apodera del dolor de la gente para engañarla y estafarla», advierte. Y apunta que se buscan falsos grandes enemigos cuando, por ejemplo, «sí está claro que la contaminación atmosférica y el tabaco causan esas enfermedades»






Fuente: Texto extraído del diario ABC.es, sección Ciencia  «El wifi supone tanto peligro como un caracol en una autopista: ¡Ninguno!» - escrito por Judith de Jorge