viernes, 12 de diciembre de 2014

Alimentos orgánicos: ni mejores para el medioambiente ni libres de toxinas

Los alimentos orgánicos son igual de nutritivos que el resto, pero son más caros, pueden contener mayor concentración de tóxicos y encima contaminan más.

La etiqueta de 'orgánico' no es garantía directa de un producto más respetuosos con el medio ambiente.


La apelación a la naturaleza es un tipo de sesgo cognitivo que sostiene que todo lo natural es bueno y lo artificial es malo. Quienes caen en este tipo de falacia creen que la naturaleza no se equivoca y asocian así, erróneamente, cualidades positivas a lo que sea natural y negativas a aquello hecho por el hombre (¡como si la cicuta o las serpientes de cascabel no fueran naturales!). A menudo nos encontramos con este tipo de razonamiento entre movimientos tecnofóbicos, quimiofóbicos y entre defensores de la medicina alternativa o de la alimentación orgánica. 
  
El marketing de "lo natural", ha hecho crecer la popularidad de la alimentación "orgánica" o "bio" (aquella que se cultiva con abonos naturales y sin hacer uso de pesticidas ni herbicidas sintéticos). En esa línea cada vez más personas se vuelcan hacia el consumo de alimentos orgánicos.

A pesar de la creencia popular que sostiene que estos alimentos son mejores, más saludables y que permiten una vida más sostenible, la verdad es otra. Comparados con los alimentos producidos por métodos convencionales, los alimentos orgánicos no son más nutritivos, pueden contener mayor concentración de tóxicos y generan mayor contaminación ambiental.




por James Greiff *


Comprar comida orgánica es un ejercicio de virtud personal: hay que pagar más para consumir algo que es más sano para uno y menos perjudicial para el medio ambiente ya que se trata de productos cultivados sin químicos artificiales ni tóxicos.

Esta poderosa concepción, basada más en la creencia que en los hechos, permite entender por qué la demanda por productos orgánicos ha crecido tanto. Las ventas se han triplicado en la última década, superando los US$ 30 mil millones al año, mientras que las ventas de productos alimenticios convencionales se han mantenido en un crecimiento anual del 2%.

Pero, existe un problema enorme: ninguno de los principales supuestos que impulsan el crecimiento de la agricultura ecológica se basa en la ciencia. De hecho, hay evidencia de que las granjas orgánicas producen tanta o más contaminación que las granjas convencionales y que los productos orgánicos pueden contener en realidad más toxinas que otros alimentos. Al igual que todas las granjas, las destinadas a productos orgánicos dependen de fertilizantes. A menudo, los agricultores orgánicos usan estiércol animal en lugar de productos químicos derivados del petróleo o minerales.



Un estudio realizado sobre invernaderos de Israel, mostró que el uso de estiércol condujo a mayor lixiviación de nitrógeno en las aguas subterráneas en comparación con el uso de la fertilización convencional. La contaminación de nitrógeno, señala el estudio, es una de las principales razones del cierre de pozos de agua potable. Por cierto, el nitrógeno de todo tipo de agricultura es uno de los principales contaminantes tras la proliferación de algas, la mortandad de peces y zonas muertas en cuerpos de agua, desde estanques agrícolas locales hasta el norte del Golfo de México.

Un estudio más amplio sobre doce productos agrícolas diferentes en California, encontró que en siete casos los que utilizaban métodos convencionales tenían menores emisiones de gases de efecto invernadero. La razón de esta gran diferencia: el cultivo convencional tiende a ser más eficiente que la agricultura orgánica, lo que significa que se necesitan menos insumos para generar la misma cantidad de comida.

Esto lleva a un asunto crítico para la agricultura orgánica, como se señala en un análisis de 2012 de más de 100 estudios sobre métodos de cultivo en toda Europa: para la misma producción, la agricultura orgánica tiende a “una lixiviación de nitrógeno mayor y emisiones de amoníaco y de óxido nitroso superiores". Y mientras la agricultura orgánica utiliza menos energía, a su vez conduce un "mayor uso de la tierra, mayor potencial de eutrofización -las zonas muertas mencionadas anteriormente- y mayor potencial de acidificación por unidad de producto".
La autora principal del estudio y profesora de la Universidad de Oxford, Hanna Tuomisto, dijo:
"Mucha gente cree que la agricultura orgánica tiene un impacto ambiental más bajo que la agricultura convencional, pero la literatura nos dice que este no es el caso. Si bien algunas prácticas de la agricultura orgánica tienen un menor impacto ambiental que las convencionales, la evidencia publicada sugiere que las otras en realidad son peores para algunos aspectos del entorno. La gente tiene que darse cuenta de que la etiqueta de "orgánico" no es garantía directa de un producto más respetuosos con el medio ambiente."

La producción animal orgánica también puede causar problemas. A diferencia de las granjas convencionales, las orgánicas generalmente dejan sueltos a los animales, por lo que no es de extrañar que éstos hagan sus necesidades donde llame la naturaleza. La lluvia, a su vez, arrastra los desechos hacia arroyos y ríos locales. Piense en eso la próxima vez que vea algo “criado al aire libre” en su menú. En comparación, las granjas convencionales pueden (aunque no siempre) confinar los residuos a las áreas cubiertas. Esto evita la exposición a la lluvia que provocaría la contaminación del agua.



En cuanto a beneficios para la salud, la evidencia sugiere que no hay diferencia distinguible de valor nutricional entre los alimentos orgánicos y los demás. Sin embargo, debido al uso de grandes concentraciones de estiércol, algunos tipos de producción orgánica contienen mayores niveles de toxinas en los alimentos. Un estudio llevado a cabo en Bélgica encontró que el trigo cultivado orgánicamente tenía niveles más altos de plomo y cadmio que el trigo cultivado convencionalmente. Aún así, los niveles estaban por debajo de los límites tolerables, y el procesamiento eliminaría algunos de los contaminantes.

Ahora, ¿estás preocupado? No deberías. Compra lo que te gusta comer, sea orgánico o no, a menos que estés buscando cuidar tu presupuesto, en cuyo caso la decisión es clara.



(*) Texto extraído y traducido 'Organic' Isn't Clean and It Isn't Toxin-Free

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