viernes, 5 de septiembre de 2014

Las mentiras de la detección de mentiras


¿Qué hay de cierto en las técnicas de detección de mentiras?

Desde el momento en que los humanos desarrollamos el lenguaje, aprendimos a mentir y, aunque sean moralmente reprochables o consideradas inaceptables socialmente, todos tendemos a decir mentiras alguna que otra vez. 

Desde el político que hace promesas que sabe que no podrá cumplir, el contador que retoca los números de una compañía, el marido que dice estar complacido por la visita de su suegra o el vendedor inescrupuloso que hace de la mentira una forma de vida. Mentimos porque, aparentemente, obtenemos un beneficio directo con ello: el político atrae votantes, la empresa paga menos impuestos, el marido evita una pelea con su esposa, el vendedor gana dinero, etc.

En casos como estos, la mentira representa un provecho personal, un acto egoísta. Pero, del otro lado, habrá alguien perjudicado: el votante quedará frustrado, el fisco recaudará menos, el comprador se llevará una ingrata sorpresa. El engaño está alrededor nuestro y ser capaces detectarlo nos supondría una ventaja frente al resto de la sociedad. En ese sentido, se han creado varias disciplinas que, según afirman sus proponentes, permitirían ayudarnos a detectar mentiras en base a marcadores en el lenguaje hablado, en la postura corporal y en los gestos asociados a las distintas emociones.



Teniendo en cuenta estas ideas, expertos en lenguaje corporal y en programación neurolingüística dicen ser capaces de develar los secretos que ocultamos en nuestra conducta. Analizan personalidades a partir de imágenes, detectan la falsedad en el discurso político, venden libros de autoayuda, cursos de oratoria y seminarios en técnicas de lenguaje corporal. Incluso, algunos expertos creen que las señales no verbales pueden ser claves en las investigaciones criminales.

Asimismo, se han desarrollado técnicas de detección de mentiras basadas en diversas tecnologías, como el famoso polígrafo y algunas empresas ofrecen servicios de "detección científica del engaño" mediante resonancia magnética y electroencefalogramas. ¿Qué tanto hay de cierto?



Tecnología

El problema con la tecnología dedicada a la detección de mentiras radica en que no detecta directamente la mentira, sino ciertos indicadores de la conducta relacionados con la misma.


El Polígrafo

El polígrafo fue inventado en 1938 como un dispositivo para detectar mentiras en casos policiales. El aparato registra ciertas respuestas fisiológicas, como el ritmo cardíaco, la presión arterial, la resistencia eléctrica de la piel o la frecuencia respiratoria, durante un interrogatorio.
 

Las críticas al detector de mentiras provienen del hecho de que éste sólo mide reacciones orgánicas, que son marcadores indirectos del engaño. Si el entrevistado está nervioso, algo normal durante un interrogatorio, el polígrafo registrará las reacciones fisiológicas debido al estrés de tal situación, aunque no necesariamente esté mintiendo.


A pesar de que en la actualidad es utilizado ocasionalmente por policías y servicios de inteligencia, hay poca base para la validez de las pruebas de polígrafos. Un informe del Consejo Nacional de Investigaciones de los Estados Unidos de 2003, El polígrafo y la detección de mentiras (The National Academies Press), concluye que:
“…la evidencia es escasa y científicamente débil. Nuestras conclusiones se basan, necesariamente, en un cuerpo de evidencia menos que satisfactorio sobre la exactitud del polígrafo, así como en conocimientos básicos sobre las respuestas fisiológicas de las mediciones de polígrafo… La justificación teórica para la prueba del polígrafo es bastante débil, especialmente en términos de miedo diferencial, excitación u otros estados emocionales que se activan en respuesta a las preguntas pertinentes o de comparación. No hemos encontrado ningún esfuerzo serio en la validación de la prueba del polígrafo… Una mayor inversión en mejorar la técnica del polígrafo y la interpretación apenas producirán mejoras modestas en la precisión…”

La prueba del polígrafo parece ayudar poco en la detección de engaños y falsos testimonios o en la resolución de crímenes.  Dado lo cuestionable de esta técnica, sus resultados deberían ser tomados como indicio, pero nunca como prueba.



Eectroencefalograma

La teoría detrás de esta técnica es que el cerebro procesa la información conocida de forma diferente de la información nueva. La técnica mide los potenciales eléctricos sobre el cuero cabelludo, de forma no invasiva, mientras el sospechoso se sienta en silencio, con los ojos cerrados y un investigador le lee en voz alta cómo cree que ocurrieron los hechos del crimen. 
Las ondas cerebrales resultantes del sospechoso son luego procesadas ​​utilizando un software.


Los defensores de su uso para la detección de mentiras se basan en la suposición de que los patrones del EEG de personas culpables deben revelan que la escena del crimen es familiar para ellos. 

Sin embargo, hay poca evidencia que avale las tecnologías de detección de mentira basadas en pruebas electroencefalográficas. Y las razones por las que este método no puede ser utilizado para detectar el engaño a nivel individual son varios. En primer lugar, no existe un marcador establecido para la “familiaridad”. Además, la técnica siempre produce falsos positivos con una tasa de error entre un 15 y un 30%. También porque, dada la relación señal/ruido, es muy difícil obtener un resultado correcto con una sola de prueba.

A pesar de ello, en 2008 un tribunal de Mumbai, en la India sentenció a cadena perpetua a un sospechoso de homicidio, basándose en los resultados obtenidos con esta dudosa técnica electroencefalográfica.


 
Resonancia magnética funcional

También se han llevado a cabo estudios que combinan imágenes de resonancia magnética funcional con la prueba de la información oculta (CIT) –una técnica psicofisiológica usada para evaluar si una persona tiene en su conocimiento información relevante de un hecho determinado. Estos estudios han documentado claras diferencias entre las respuestas engañosas y las honestas, obteniendo una correlación del 100% entre decir una mentira y la activación de la zona prefrontoparietal, también sobre la base que el cerebro atraviesa dos procesos distintos cuando inventa una mentira y cuando recuerda la verdad.


Aprovechando estas investigaciones, algunas empresas (NoLieMRI o Cephos Corp) comercializan servicios de detección de mentiras basadas en RMf, lo cual genera dilemas éticos en la parte legal e incertidumbre en la comunidad científica por la metodología aplicada. 

Una revisión de 2008 publicada en el Journal of the American Academy of Psychiatry por el Dr. Joseph R. Simpson, resumía los tipos de estudios realizados en Functional MRI Lie Detection: Too Good to be True?, donde advierte:

…la técnica no identifica directamente la firma neural de la mentira. La detección de mentiras por RM funcional se basa en la identificación de patrones de flujo sanguíneo cerebral que se correlacionan estadísticamente con el acto de mentir en una situación experimental controlada. La técnica no lee mentes ni determina si la memoria de una persona, contiene algo distinto de lo que ésta dice. El problema con la identificación de falsos positivos es poco probable que se supere en grado suficiente, de modo de permitir que los resultados de la prueba de detección de mentiras por RMIf  derrote cualquier duda razonable…” 

En el caso del polígrafo se obtenían falsos positivos en sujetos con ansiedad o miedo, porque mostraban signos biológicos a los de alguien que estaba mintiendo. Con la detección de mentiras por imágenes de RMf se presenta un problema similar: la supresión de una respuesta podría generar un falso positivo. 


No solo eso, también es posible burlar a esta tecnología mediante el entrenamiento de determinadas técnicas llamadas contramedidas. La publicación de Ganis et al. Lying in the scanner: covert countermeasures disrupt deception detection byfunctional magnetic resonance imaging, de 2010, concluye:

"Críticamente, ningún estudio ha examinado directamente el efecto de las contramedidas, método utilizado por los infractores para derrotar a los procedimientos de detección del engaño. Se llevó a cabo un estudio de resonancia magnética funcional para llenar esta brecha en la investigación utilizando el paradigma de la información oculta en el que los participantes fueron capacitados para utilizar contramedidas… la precisión en la detección engaño fue del 100% sin contramedidas, mediante la activación en las cortezas prefrontal ventrolateral y medial, pero cayó a 33% con las contramedidas. Estos hallazgos muestran que la detección de engaños basada en fMRI puede ser vulnerables a las contramedidas, llamando a la prudencia antes de aplicar estos métodos a las situaciones del mundo real."
Es decir, que en las imágenes de resonancia magnética se observan los cambios característicos en el 100% los individuos que mienten, pero cuando se utiliza la técnica para burlar el detector (las contramedidas), la tasa de detección se reduce al 33%. Estas conclusiones colocan a la detección de mentiras por RMf en el mismo escalón que el polígrafo.

Lenguaje corporal
Existen disciplinas académicas como la semiótica o la lingüística que observan y describen las formas de comunicación verbal y no verbal.
  
Por el otro lado, existe la interpretación de ciertos gurús de autoayuda y autoproclamados expertos en lenguaje corporal y conducta que creen poder leer algo tras las expresiones faciales, la postura y movimientos del cuerpo. Estos “expertos” en lenguaje corporal dicen poder descifrar las verdaderas emociones y sentimientos, revelar los secretos o descubrir significados ocultos observando la conducta de las personas.

Según afirman, cubrirse la boca con la mano, tocarse la nariz, cerrar los ojos, un acto fallido, un cambio en el tono de la voz, la falta de contacto visual o rascarse el cuello o una oreja son señales no verbales de la mentira. 

Además, nos dicen que cualquiera puede aprender estas técnicas y beneficiarse de ellas y así, ser capaces de detectar cuándo quieren engañarnos, de ir confiados a una entrevista de trabajo, de cautivar a una audiencia, de conquistar al ser amado o de evitar enviar un mensaje equivocado en una reunión de negocios.



Sin embargo, la mayoría de libros sobre el lenguaje corporal están repletos de anécdotas y sólo referencian a otros autores que apoyan sus teorías, pero por lo general, no hay citas de estudios científicos.


Según los coachs de PNL, la dirección de la
mirada nos permite saber si nos
están mintiendo. Un estudiode 2012
demostró que esta creencia es falsa.


Por ejemplo, los defensores de la Programación Neurolingüística (PNL) afirman que ciertos movimientos oculares son indicadores fiables de la mentira. De acuerdo con esta noción, una persona que miente tiende a mirar hacia su derecha mientras que si mira arriba a la izquierda indica que dice la verdad. 
 
A pesar de la creencia generalizada en esta afirmación, la publicación The Eyes Don’t Have It: Lie Detection and Neuro-Linguistic Programming relata los estudios liderados por el psicólogo Richard Wiseman y su equipo, quienes examinaron su validez. La conclusión es que no encontraron ningún patrón coincidente con los propuestos por la PNL entre el movimiento de los ojos y decir una mentira o decir la verdad.


Por otra parte, el psicólogo pionero en el estudio de las expresiones faciales y las emociones, Paul Ekman , dio origen a la idea de las microexpresiones. Ekman afirma que un conjunto de expresiones faciales muy sutiles y ciertos marcadores del comportamiento no verbal del cuerpo humano podrían ser utilizados para detectar mentiras con cierto grado de confiabilidad.
Ejemplos de las emociones más comunes, según el sistema FACS.

Básicamente, para Ekman, cuando una persona miente oculta sus verdaderas emociones. No obstante, esas emociones subyacentes logran emerger a través de efímeras microexpresiones que duran menos de una quinta parte de un segundo, dejando aflorar así las verdaderas intenciones que se quieren esconder, como la ira o la culpa. Por ejemplo, si alguien finge estar alegre cuando en realidad está triste, suele fruncir brevemente el ceño. 


En la serie Lie to me, el agente Cal Lightman
(Tim Roth), resuelve los casos más difíciles
usando las supuestas técnicas de Ekman.
Con estos planteos, Ekman y sus colaboradores desarrollaron un sistema de codificación, el  Facial Action Coding System (FACS) y aseguran que, cuando se lo combina con marcadores de la voz y el habla, se alcanza una precisión de detección mayor al 90 por ciento. Estas investigaciones inspiraron la serie televisiva Lie to Me, en la que él mismo intervino como consultor y que le permitió popularizar sus ideas.

Además, en el capítulo del libro The Detection of Deception in Forensic Contexts titulado The Wizards of Deception Detection (p. 269-286) de 2004 y en las publicaciones A few can catch a liar, de 1999 y Who can catch a liar?, de 1991, Paul Ekman  y Maureen O’Sullivan aseguran que existen personas dotadas naturalmente para la detección de mentiras y afirman haber descubierto 29 de esos "wizards" (hechiceros).
 
La TSA emplea miles de oficiales que intentan
descubrir el accionar de pasajeros sospechosos.
John Moore/Getty Images








Estos hallazgos han sido utilizados dentro del programa Screening of Passengers by Observation Techniques (SPOT)  para cuidar la seguridad aeroportuaria por oficiales de la Administración de Seguridad del Transporte (TSA) en los EEUU, como método de detección de delincuentes, traficantes y potenciales terroristas. En su blog, la TSA expone:

"El programa fue diseñado por Paul Ekman (PhD), profesor de psicología en la Universidad de la Escuela de Medicina de California. Él ha estudiado el comportamiento en los últimos 40 años y ha enseñado a la TSA, Aduana y Protección Fronteriza, la CIA, el FBI y otras agencias federales a observar las expresiones faciales sospechosas de tensión, miedo o engaño… Después de transmitir sus habilidades a la Aduana, la tasa de éxito para la búsqueda de drogas durante los registros de pasajeros se elevó del 4,2% en 1998 al 22,5% [en 2008]."


Sin embargo, la detección de engaño a partir del lenguaje corporal no es una ciencia exacta. A pesar de tener varias publicaciones sobre el tema de las microexpresiones y el engaño, hay poca evidencia científica tras las ideas de Ekman. El estudio con revisión por pares de 2008,  Reading Between the Lies: Identifying Concealed and Falsified Emotions in Universal Facial Expressions, publicado en Psychological Science, encontró cierta correlación, aunque no la suficiente para validar esta técnica como una forma genuina de detección de mentiras.


De nuevo, con las microexpresiones ocurre lo mismo que con el polígrafo. Las microexpresiones parecen indicar cuándo se están ocultando las verdaderas emociones, pero no por qué se lo está haciendo. Es decir, se tiene un posible indicador de la mentira, pero no tenemos forma de distinguir con certeza si realmente, en cada caso, se está mintiendo o no.




La mayoría de los investigadores están de acuerdo que los humanos son demostrablemente malos en la detección de mentiras cara a cara. En ese sentido, los psicólogos DePaulo y Morris realizaron un análisis de posibles predictores del engaño. Y en un metaanálisis hecho por los psicólogos Charles Bond y Bella DePaulo se analizaba la exactitud a la hora de discriminar la verdad de la mentira por personas sin entrenamiento o ayuda especial. De los 253 estudios evaluados, la precisión global para distinguir la verdad de la mentira resultó de apenas 54%, no mucho mejor que lanzar una moneda. 
Algunas "microexpresiones" son más fáciles de leer que otras.

Sobre la afirmación de Ekman de la existencia de supuestos “dotados” en detectar mentiras, los investigadores Charles F. Bond Jr. y Ahmet Uysal examinaron en 2007 la investigación de Ekman sobre en el artículo On Lie Detection "Wizards" , y concluyeron que:

"Los análisis revelan que el azar puede explicar los resultados que los autores atribuyen a la hechicería. Por lo tanto, por la lógica estadística habitual de la investigación psicológica, las afirmaciones sobre hechicería de O'Sullivan y Ekman son gratuitas."

En una crítica, el psicólogo Charles Bond, argumenta una serie de defectos en esta teoría de Ekman, indicando que los detectores exitosos fueron extraídos de una muestra de miles y los “wizards” obtuvieron mejores puntuaciones simplemente debido al azar."Si un número suficiente de personas juegan a la lotería, alguien va ganar".


Además, los detractores de Ekman esgrimen que la mayor parte de sus estudios revisados ​​por expertos sobre microexpresiones fueron publicados hace décadas, y muchos de sus escritos más recientes sobre el tema no han sido revisados. Ekman escuda su estrategia de no publicar todos los detalles de sus trabajos en la literatura revisada por pares, en que podrían representar una amenaza potencial a la seguridad de los Estados Unidos si tal conocimiento cayera en manos enemigas.



En cuanto a la metodología SPOT utilizada por la TSA la cosa parece que tampoco es tan maravillosa. Desde que se implementó en 2007, se entrenó a más de 3000 “oficiales en detección de conductas” operando en 176 aeropuertos, con un costo para los contribuyentes de 200 millones de dólares anuales–. Pero, según varios informes,  no está apoyada por evidencia científica.



El reporte TSA Should Limit Future Funding for Behavior Detection Activities, redactado por la de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO) en noviembre de 2013  concluyó que el entrenamiento de los oficiales produjo resultados que son “apenas mejores que acertar por mera casualidad”, algo así como lanzar una moneda y que además,  tal entrenamiento "produce resultados que son iguales o ligeramente superiores que lo obtenidos por observadores no entrenados". La GAO analizó datos de los años 2011 y 2012 y encontró que la tasa con la que los oficiales de le TSA requerían chequeos adicionales en pasajeros, basados en los marcadores, variaba significativamente entre aeropuertos. Esto le llevó a preguntarse si esas diferencias se debían a que esos marcadores eran subjetivos o que se aplicaban con disparidad de criterios. Inclusive, la GAO duda de que haya servido para algo:
"Diez años después de la elaboración del programa SPOT,  la TSA no puede demostrar la eficacia de sus actividades de detección de comportamiento... Hasta que la TSA pueda proporcionar evidencia científicamente validada que demuestre que los indicadores de comportamiento pueden ser utilizados para identificar a los pasajeros que pueden suponer una amenaza para la seguridad de la aviación, el organismo corre el riesgo de financiar actividades que no se han determinado eficaces”.



Conclusiones
La tecnología aplicada a la detección de mentiras ha encontrado correlaciones interesantes entre el engaño y varios marcadores biológicos. Sin embargo, las dificultades en la aplicación de ese conocimiento a la cuestión de la detección de mentiras tienden producir resultados más bien pobres. Más aún, cuando se tiene en cuenta que pueden ser burladas deliberadamente por técnicas conocidas como las contramedidas.

Las microexpresiones podrían ser indicadoras de las emociones, aunque no está suficientemente estudiado. Menos aún la afirmación de que, con el auxilio de dichas microexpresiones, podríamos discernir la verdad de la mentira. En todo caso, serían un marcador más de que se están ocultando las verdaderas emociones, pero de ahí a la mentira hay un largo camino.  Cada acción puede tener varios significados y orígenes posibles. Alguien podría esconder sus emociones por miedo, angustia, estrés o muchas otras causas, sin necesariamente estar mintiendo.

Los estudios que buscan vínculos entre lenguaje corporal y la mentira dan resultados poco favorables a estas técnicas –apenas mejor que acertar por puro azar–  tanto para los sujetos que reciben entrenamiento como los que no. Tampoco encontraron personas con mejores capacidades que el resto (los famosos “wizards” de Ekman) para detectar mentiras, en base a gestos o lenguaje corporal. Así, la lectura del lenguaje corporal se asemeja a  la lectura en frío, resultando en una interpretación subjetiva del observador que puede conducir a malas interpretaciones y, como vimos,  algunas afirmaciones de gurús del lenguaje corporal –como los de la Programación Neurolinguistica– son  poco fiables y carecen de base científica.
 
Por último, las técnicas que pretenden detectar delincuentes rastreando marcadores del lenguaje no verbal y microexpresiones –como en el caso del programa SPOT– no están validados científicamente y, de hecho, los estudios llevados adelante parecen indicar que no funcionan. Imponer un programa para identificar pasajeros sospechosos sin primero probar su base científica no sólo representa un expendio inútil de fondos públicos, sino una potencial falencia en la seguridad aeroportuaria.



Bibliografía y lectura adicional


Deceiving the law - Nature Neuroscience.
Airport security: Intent to deceive?, Sharon Wainberger - Nature.




India’s Novel Use of Brain Scans in Courts Is Debated, Anand Giridharadas - The New York Times. 

Detecting Deception - House of Parliament, UK.





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