jueves, 10 de julio de 2014

La homeopatía hace agua por todos lados

La homeopatía, un tipo de terapia alternativa, utiliza diluciones sucesivas extremas de una determinada sustancia en agua hasta el punto en que no queda ni una sola molécula de la sustancia original. Dicho de otro modo, la homeopatía es pura agua...


La homeopatía es una práctica médica alternativa que emplea preparados de ciertas sustancias en dosis infinitesimales. Según los promotores de esta disciplina, las sustancias a utilizar deben ser tales que, si fuesen administradas en dosis altas a sujetos sanos, provocarían en ellos síntomas parecidos a los de la enfermedad que quieren tratar.




A pesar de que los remedios homeopáticos no han podido demostrar ser más eficaces que el placebo y que la comunidad científica la considera una pseudociencia, la homeopatía aún goza de gran popularidad en los círculos de medicina alternativa. 

No hay que confundir a la homeopatía con la fitoterapia. La fitoterapia –el uso extractivo de plantas medicinales– tiene base científica, ya que utiliza los principios activos presentes en determinadas hierbas (aunque en el último siglo haya sido relegada por la farmacología que permitió aislar y sintetizar esos principios activos, haciendo más seguros y eficientes los medicamentos). En cambio, la homeopatía se basa en diluir una sustancia progresivamente en agua hasta el extremo que no quede ni una sola molécula de la sustancia original en la solución obtenida. En otras palabras, la homeopatía vende agua pura como remedio... Quizás sea buena para curar la sed, pero no para tratar verdaderos problemas médicos.

El médico alemán Samuel Hahnemann, inventor de la homeopatía, creó esta doctrina adaptando algunas ideas que se manejaban en la medicina precientífica de finales del siglo XVIII. Hahnemann enunció el conjunto de postulados en los que se basa la homeopatía en el Organon del arte de curar. Veamos un resumen de sus planteos fundamentales:

Samuel Hahnemann (1755-1843),
creador de la homeopatía.
1. La ley de semejanza, que establece que: “lo semejante cura lo semejante” (similia similibus curantur). Según este principio, el remedio apropiado para una determinada enfermedad proviene de una sustancia que, en una persona sana, provoca síntomas semejantes a los observados en una persona enferma.

2. El principio de individualidad: cada tratamiento se adapta a cada paciente, sea cual sea la enfermedad, de manera de tratarlo en su "totalidad".

3. La ley de dinamización,  asegura que toda sustancia o "principio homeopático", se debe administrar al paciente en una dosis muy diluida (infinitesimal), mientras más diluido esté el principio activo, más “potente” será su efecto.

La debilidad teórica de la homeopatía es evidente. El primer postulado, la ley de similitud, carece de base científica no sólo por su arbitrariedad, sino también por la falta de un mecanismo de acción fisiológico que lo explique, eso sin contar que tiene más de pensamiento alegórico que de medicina. Por ejemplo, una persona con rinitis, resfrío o alergia, podría ser tratada con extracto de cebollas, dado que éstas provocan síntomas similares en personas sanas (lagrimeo e irritación de ojos y garganta). Lo mismo, una persona diabética podría ser tratada con azúcar muy diluida, o alguien con insomnio podría curarse con café.

Según el principio de individualidad, la única guía para prescribir un remedio homeopático es el estudio completo de la sintomatología del individuo. Así, a cada persona le correspondería un tratamiento único, cosa que en la práctica parece no importar demasiado, dado que muchos medicamentos homeopáticos producidos en masa por empresas multinacionales no respetan este principio.

Pero, vamos a centrar nuestra crítica en el principio de dinamización o infinitesimalidad, ya que resulta incompatible con nuestros conocimientos de química, farmacia y biología. A continuación, veremos que las dosis utilizadas en homeopatía son tan pequeñas que no pueden contener absolutamente nada del principio activo, razón por la cual, homeopatía no puede funcionar.


El mol y la constante de Avogadro
El número de Avogadro es una constante
 que nos dice el número de partículas que
conforman un mol de sustancia. 
Cuando queremos hablar del número de partículas (átomos, moléculas o iones) que constituyen una cierta cantidad de sustancia debemos lidiar con números enormes. Por simplicidad se suele recurrir a la definición de mol. Un mol de cualquier sustancia siempre contiene 6,02·10²³ (número de Avogadro) unidades elementales (átomos, moléculas, iones). 

Pongamos un ejemplo simple para entender el asunto. Sabemos que una molécula de agua (H₂O) está formada por dos átomos de hidrógeno (H) y uno de oxígeno (O). Así, un mol de moléculas de agua estará formado por dos moles de átomos de hidrógeno y un mol de átomos de oxígeno. Consultando la tabla periódica, vemos que la masa de 1mol de átomos de hidrógeno es de 1gr, mientras que la masa de un mol de átomos de oxígeno es de 16grs. Así que, 1mol de moléculas de agua tendrá una masa de: 1gr+16grs=18grs. En otras palabras, un mol de agua pesa 18grs y contiene 602.000.000.000.000.000.000.000 (seiscientos dos mil trillones) de moléculas de agua. 

En síntesis, el número de Avogadro es una constante que nos dice el número de partículas que conforman un mol de  sustancia: 6,02·10²³.

Preparados homeopáticos y dinamización
Si alguien nos asegura que mientras más agua le echemos al jugo Tang,  más sabor a naranja va a tener éste, nadie le va a creer. Basta con hacerle comparar su jugo aguado con otro bien preparado para demostrarle que está equivocado. 

En la homeopatía ocurre algo parecido. Los homeópatas sostienen que los principios activos se potencian o dinamizan como consecuencia de diluir el principio activo en alguna otra sustancia usada como solvente (generalmente, agua o alcohol). Esto se logra realizando desconcentraciones sucesivas del preparado mediante un procedimiento conocido como serie de Hahnemann. Se comienza disolviendo una parte del principio activo o tintura madre en 99 partes de solvente, inmediatamente, se agita fuertemente dicha solución mediante la sucusión, obteniendo una dilución homeopática a la primera centesimal ó 1CH. A continuación, se toma una parte de la solución obtenida anteriormente y se vuelve a mezclar con 99 partes del solvente, se realiza nuevamente la sucusión y se obtiene las dilución 2CH (segunda centesimal). Esta secuencia se repite tantas veces como sea necesario hasta obtener el grado de dilución homeopática requerido que, muchas veces, supera las 30 diluciones.  La solución homeopática obtenida suele usarse directamente en forma de gotas o impregnadas en pastillas de azúcar.

Hagamos una dilución homeopática
Un preparado homeopático bastante común para tratar la depresión es el Natrum muriaticum (no nos dejemos intimidar por el nombre en latín, ya que no es ni más ni menos que cloruro de sodio, la sal que usamos todos los días en la cocina). Recordemos que la sal común (NaCl) es un compuesto iónico que en el agua se disocia en sus componentes: el catión sodio (Na⁺) y el anión cloruro (Cl⁻).

Con la definición de mol y el número de Avogadro, podemos calcular que 1mol de sal tiene una masa de 58,4grs y contiene 6,02·10²³ unidades elementales de cloruro de sodio (NaCl). Podemos preparar nuestra propia tintura madre disolviendo 1mol de sal en un litro de agua destilada, donde tendremos 6,02·10²³ cationes sodio (Na⁺) y 6,02·10²³ aniones cloruro (Cl⁻).  Entonces, si extraemos 1ml de esa tintura (el agua salada), obtendremos 6,02·10²⁰ unidades del catión Na⁺ y 6,02·10²⁰ unidades de anión Cl⁻.

Como nos enseñó Hahnemann, empezamos la dilución mezclando 1ml de dicha solución salada en 99ml de agua destilada. Acto seguido, hacemos la sucusión (los golpecitos mágicos) y obtenemos 100ml de preparado 1CH. En la dilución 1CH el número de de iones Na⁺ y de Cl⁻ ha bajado a 6,02·10¹⁸ (porque hemos diluido 1 parte en 100). Continuamos mezclando 1ml de la solución anterior 1CH con 99ml de agua, obteniendo 100ml de la dilución 2CH. Ahora, en la dilución 2CH, el número de Na⁺ y de Cl⁻ resulta 6,02·10¹⁶ unidades. 

Para lograr la 3CH, repetimos: diluimos 1ml de la solución 2CH en 99ml de agua pura, con lo cual quedan 6,02·10¹⁴ unidades de Na⁺ y de Cl⁻ en 100ml del preparado 3CH. Vemos que con cada dilución el número de iones disueltos en el agua disminuye 100 veces. 

Siguiendo el procedimiento anterior, para una dilución a la 10CH tendríamos sólo 6 iones de Na⁺ y otros 6 de Cl⁻ perdidos entre las 3 cuatrillones de moléculas de agua que hay en los 100ml de solución que acabamos de preparar. 

¿Qué pasa si seguimos diluyendo? Intentar continuar con la dilución a partir de ese momento no tiene sentido, porque cada ion es indivisible. No podemos tener fracciones de iones o de moléculas. Puede ocurrir que alguna quede en nuestro preparado como puede ser que no. Por eso, en cambio, deberíamos hablar de la probabilidad de encontrar alguno de esos iones o moléculas en el preparado. Si llevamos nuestro experimento a la dilución 13CH, la probabilidad de que alguno de los iones (Na⁺ o Cl⁻) aparezca en nuestro preparado homeopático es de uno en cien (1/100). Si seguimos “potenciando” nuestro preparado y lo llevamos hasta diluciones a la 30CH, esa probabilidad cae a 1 en 10³⁶. O sea, sólo podríamos garantizar la presencia de una única partícula original (ion o molécula) recién en 10³⁶grs de preparado a la 30CH. Podemos suponer que 10³⁶grs de agua ocupan un volumen de 10²¹km³. Dicho de otro modo, para asegurarnos de obtener una sola partícula de la sustancia original deberíamos tener una piscina enorme, con más de 700 veces el volumen del Sol, y llena con nuestra solución homeopática a la 30CH.

Más diluida que una aspirina en el océano 
Los principios absurdos de la homeopatía, quizás podrían ayudar a aliviar el dolor de cabeza de toda la humanidad, sólo bastaría con echar una píldora de aspirina al mar. 

El ácido acetilsalicílico, mejor conocido como aspirina, tiene fórmula empírica C₉H₈O₄, por lo cual, 1mol de aspirina equivale a unos 180grs. El contenido de una pastilla de aspirina es de 0,5gr, lo que equivale a 0,0028mol, o sea a 1,7·10²¹ moléculas de aspirina. Preparemos una tintura madre disolviendo el contenido de una pastilla de aspirina de 0,5gr en 1ml de agua; en ese 1ml habrá 1,7·10²¹ moléculas de aspirina. 

Ahora, procedemos a “dinamizar” nuestra dilución homeopática de modo de “aumentar” sus efectos. Como hicimos antes, comenzamos con ese 1ml de  solución de aspirina y lo diluimos con 99ml de agua para obtener 100ml de dilución a la 1CH. Ahora, en la dilución 1CH habrá 1,7·10¹⁹ moléculas. Nuevamente, tomamos 1ml de la solución 1CH y lo mezclamos con 99ml de agua, obteniendo la dilución 2CH. Vemos que en esta dilución 2CH la cantidad de moléculas habrá disminuido 100 veces, es decir habrá 1,7·10¹⁷ moléculas de aspirina. Y así, si repetimos este procedimiento hasta la dilución a la 10CH, es fácil ver que apenas podrían estar presentes 17 moléculas en los 100ml del preparado.  Con cada dilución el número de moléculas del principio activo disminuye 100 veces. Luego, deducimos que en la dilución 11CH debería haber 0,17 moléculas de aspirina. Como dijimos antes, las moléculas son indivisibles y no tiene ningún sentido decir que habrá 0,17 moléculas de aspirina en nuestra dilución 11CH. O bien hay alguna molécula de aspirina en el preparado o bien no hay ninguna. En realidad, deberíamos hablar de la probabilidad de que, al menos, exista una sola molécula de aspirina en nuestra preparación homeopática. La probabilidad de que en la dilución 11CH haya una molécula es de 17/100; dicho de otro modo, para asegurarnos de encontrar una sola molécula de aspirina en el preparado 11CH deberíamos beber algo más de 600ml del mismo.

Si decidimos sumar mayor poder analgésico, según la homeopatía, deberíamos diluir aún más la preparación. Repetimos el proceso otras 11 veces más, hasta alcanzar una dilución 22CH. Notaremos que la probabilidad de encontrar una sola molécula de aspirina en este preparado es del orden de 10⁻²³ moléculas cada 100ml de preparado 21CH. La probabilidad es tan baja que, a fines prácticos, es lo mismo que decir que no vamos a encontrar ninguna molécula en ese preparado. Para poder asegurarnos de tomar, si quiera, una sola molécula de aspirina, deberíamos beber el equivalente a 10²² litros del mismo, o un volumen equivalente a 10 mil millones de km³, cifra comparable con 10 veces el volumen de todos los océanos de la Tierra

Desde el punto de vista de la química, la homeopatía no puede tener ningún efecto, ya que cualquier preparado en diluciones tan extremas no puede contener, ni siquiera, trazas del principio activo original. Es, esencialmente, agua. Cualquiera se daría cuenta de que no tiene mucho sentido seguir diluyendo en agua algo que después de la dilución 12CH ya era agua pura. Sin embargo, los homeópatas no se quedan conformes allí y buscan “potenciar” aún más sus preparados –al menos eso dicen ellos–, llevando la dilución a valores mayores como 30CH o 100CH.

La memoria del agua
Los homeópatas no son tontos, –al menos, no todos– muchos de ellos cursaron estudios en farmacia o medicina, de modo que entienden bien cuál es el problema con las diluciones extremas: que no hay más que agua ahí. Este inconveniente, que supone un grave dilema para la homeopatía, intenta ampararse en una hipótesis aún más incoherente que las originales de Hahnemann: que el agua tiene memoria.


Jacques Benveniste, autor de la
polémica investigación que dio
origen al concepto de "memoria
del agua".
En 1988, el equipo de investigación del inmunólogo francés Jacques Benveniste publicó un polémico paper en la revista Nature: Degranulación de basófilos humanos inducido por una solución altamente diluida del anti-IgE, en el cual los autores buscaban una determinada reacción biológica de los basófilos (un tipo de glóbulo blanco que posee receptores de la inmunoglobulina E) ante la presencia de anticuerpos anti-IgE. Lo sorprendente de este trabajo fue que los investigadores creyeron obtener resultados positivos, aún cuando utilizaban soluciones ultradiluidas de los anti-IgE (donde se suponía que no debía haber ni una sola molécula del mismo en la muestra). Esto parecía contradecir la química y la biología establecida. No sólo eso, aseguraron que sólo podían observar el efecto de la ultradilución si entre cada dilución efectuaban una “vigorosa sacudida mecánica”, lo que los llevó a concluir que: 
“…la transmisión de información biológica podría estar relacionada con la organización molecular del agua.”
Este hecho parecía implicar que la presencia previa del anti-IgE había “dejado grabada su huella” en el agua y que ésta se mantuvo aún después de la desaparición del principio activo; o sea, que debía existir algún tipo de "memoria del agua". Ese aparente descubrimiento, presentaba un posible mecanismo que permitía explicar la actividad de las altas diluciones (y parecían buenas noticias para la homeopatía).

Sin embargo, investigaciones posteriores no obtuvieron ningún efecto de memoria del agua, contradiciendo los resultados originales. Los consecuencias de los experimentos de Benveniste no pudieron ser reproducidos por otros investigadores independientes en condiciones controladas y de doble ciego (ni siquiera por su mismo equipo estando bajo supervisión).  

El equipo de John Maddox -el editor de Nature en ese entonces- publicó un informe donde llegaban a la conclusión que:
"no existe una base sustancial para la afirmación de que el anti-IgE en alta dilución conserve su eficacia biológica, y la hipótesis de que al agua se le pueda imprimir la memoria de solutos pasados es tanto fantasiosa como innecesaria".
Además, notaron un posible conflicto de intereses en el estudio de Benveniste: dos de miembros de su equipo estaban financiados por la multinacional homeopática Boiron y con esos resultados pretendían apoyar la validez de la homeopatía.

Otros críticos también objetaron el concepto de “memoria del agua” por la imposibilidad de la misma de formar estructuras ordenadas estables en estado líquido. 

Además, es fácil refutar la hipótesis de la memoria del agua razonando por el absurdo. Por ejemplo, si el agua, de alguna manera, pudiese “recordar” con qué ha estado en contacto, dado que ha pasado por una infinidad de sustancias a lo largo de la historia, una única gota debería recordar toda substancia posible y, por tanto, debería servir como tratamiento de toda enfermedad concebible. Parece paradójico que el agua usada en preparados homeopáticos recuerde bien los nobles principios activos con los que tuvo contacto, pero se olvide de las indignas sustancias que otrora convivieran con ella (como los residuos de drenaje, venenos, químicos, metales pesados, etc.).


Los estudios dicen que NO funciona
En la actualidad, hay suficientes estudios clínicos sobre la homeopatía que, de forma contundente, concluyen que la homeopatía no es eficaz. La ausencia de un mecanismo de acción conocido que permita explicarla, sumada a la falta de estudios científico serios que muestren que la homeopatía resulta clínicamente mejor que el placebo, hacen que la misma sea caracterizada como pseudociencia.  

Por ejemplo, Cochrane Colaboration realizó revisiones de estudios clínicos sobre diversas afecciones, que incluyen el tratamiento de la demencia, el asmala gripela artritis y el déficit de atención (TDAH), en ninguno encontró evidencia sobre la eficacia de la homeopatía.

Una revisión sistemática, publicada en el British Journal of Clinical Pharmacology en  2002, concluye que no hay evidencia que apoye la idea que los remedios homeopáticos producen un efecto clínico que sea relevantemente distinto del placebo. 

En otro metanálisis, publicado en 2005 en The Lancet, revisaron 220 ensayos y concluyeron que los efectos clínicos de la homeopatía son comparables a los del efecto placebo.

Una revisión, publicada en por el European Journal of Cancer en 2006, encontró 6 ensayos clínicos de calidad suficiente para ser incluidos en el estudio. La revisión mostró que no hay pruebas de la eficacia de la homeopatía en el tratamiento del cáncer. 

En 2010 la Comisión de Ciencia y Tecnología del Parlamento Británico, publicó un estudio sobre la eficacia de los tratamientos homeopáticos, donde concluye que no tiene efectos más allá que los de un el placebo, además de considerar inaceptable prescribir un medicamento que en verdad es puro placebo (píldoras de azúcar).

En 2010, el Servicio de Salud Británico, dejó de ofrecer tratamientos homeopáticos en el sistema de salud pública, haciendo hincapié en su ineficacia y en los potenciales perjuicios para pacientes que abandonen los tratamientos convencionales.

¿Qué daño puede hacer?
Muchos partidarios de la homeopatía, a la hora de decidir su tratamiento, prefieren omitir la evidencia en contra, anteponiendo la subjetividad de la satisfacción personal o testimonios y anécdotas del estilo: "A mí me funciona..." o "Mi vecina la usa y se siente mejor...", antes que la eficacia de tratamientos probados.

Como vimos, en algunos casos los remedios homeopáticos producen un efecto positivo, pero esto es producto de la sugestión: el efecto placebo. Además, parecen no presentar efectos adversos, dado que no contienen ningún principio activo, razón que podría llevarnos a pensar que son inofensivos.  Entonces, ¿por qué tanto alboroto con la homeopatía?. Si mucha gente la usa y se siente bien, ¿qué hay de malo que gaste su dinero en pastillas de azúcar? Mal no le va a hacer, ¿o sí?

Las personas con padecimientos leves, como dolor de cabeza, resfriados, malestar estomacal y demás, normalmente se curan solas, así que, usar o no un remedio homeopático es indiferente. En verdad, van a gastar su dinero en un remedio que no los va a mejorar pero, al menos, les dará la impresión de que alguien se ocupó de su salud. 


Variedad de vacunas homeopáticas:
la última gran estafa.
Sin embargo, la homeopatía no es tan inofensiva cuando la se usa para tratar problemas más serios o si desplaza a los tratamiento probados. El verdadero peligro de la homeopatía aparece cuando la reemplaza un tratamiento convencional. Es frecuente que un paciente deposite toda su confianza en la homeopatía y deje de lado o retrase los tratamiento médicos probados, poniendo en peligro su saludPor ejemplo, el tratamiento homeopático contra la malaria o contra el sida,  que crean una falsa apariencia de protección. O lo que ocurre con muchos homeópatas que desaconsejan vacunar a los niños, lo cual representa una amenaza a la salud pública (en 2002, Katja Schmidt y Edzard Ernst de la Universidad de Exeter y Plymouth, realizaron una encuesta a homeópatas del Reino Unido. De los 168 homeópatas consultados recibieron respuesta de 77, donde sólo 2 aconsejaron la inmunización). Más grave que desaconsejar la vacunación tradicional es promover una falsa vacunación, ya existen farmacias que venden una variedad de vacunas homeopáticas.

El sitio What's the harm recopila los casos más resonantes de personas que han visto empeorar su salud o que han muerto por haber reemplazado su tratamiento médico por uno homeopático.

El psiquiatra y periodista Ben Goldacre, autor del libro Bad Science, opina que la homeopatía prescrita por médicos es un claro ejemplo de mala praxis, ya que no es más que recetar píldoras inertes. A pesar de las críticas, cree que el auge de la homeopatía -al igual que pasa con otras terapias alternativas- se debe más a una moda que a resultados específicos y que difícilmente pueda ser erradicada.

Muchos pacientes se acercan a la homeopatía después de tener una mala experiencia personal (objetiva o subjetiva) con la medicina convencional. A la mayoría de los pacientes le gusta tomar pastillas y si el médico no le receta nada da la impresión de que es un incapaz. Para el médico es arriesgado contradecir al paciente porque, tal vez, éste se sienta defraudado y no quiera volver. En cambio, habrá médicos que prefieran prescribir algo, aunque sean pastillas de azúcar. Además, para el paciente es placentero acudir a la consulta de un homeópata, ya que éste se toma su tiempo, escucha en detalle sus problemas y tiene una píldora mágica que va a curarle todos sus males.








Bibliografía y lectura adicional:
La homeopatía juzgada en el terreno de los hechos - Ramón Frau
Examen crítico de la homeopatía - Pedro Mata.
La homeopatía ¡vaya timo! - Víctor-Javier Sanz - Editorial Laetoli, año 2010.
Homeopathy; what's the harm? - Simon Singh
Organon del arte de curar - Samuel Hahnemann. 
Tratados Hipocráticos. -  Hipócrates - Alianza Editorial, año 1996.
Tránsitos: Jacques Benveniste y John Mack.Adiós a dos fabricantes de ilusiones - Revista Pensar, Vol.2 Nº01, año 2005.
Mala ciencia - Ben Goldacre, año 2008.







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