martes, 3 de enero de 2012

Cuentos del tío made in Argentina - parte 2

La historia de Juan Baigorri Velar. 
El hombre que hacía llover.

Una multitud reunida en la esquina de Falcón y Araujo, en Villa Luro, donde vivía el ingeniero cantaba:“…que llueva, que llueva, Baigorri está en la cueva…. enchufa el aparato y llueve a cada rato…





Nacido en 1891 en Concepción del Uruguay, Entre Ríos,  Juan Baigorri Velar fue un ingeniero y prolífico inventor argentino. Su padre, con el rango de coronel del ejército y amigo del general Julio A. Roca crió a Juan en un clima de disciplina y orden. Se graduó de ingeniero en petróleo y durante la segunda presidencia de Irigoyen, el Gral. Mosconi que estaba a cargo de YPF,  lo llevó a trabajar con él. Años más tarde, estudió geofísica en la Universidad de Milán, Italia. Recorrió Europa, Africa y los Estados Unidos, como técnico en petróleo por cuenta de diversas compañías. Al regresar a Buenos Aires, trajo con él un aparato que medía el potencial eléctrico y las condiciones electromagnéticas del planeta.

Juan Baigorri Velar con su "máquina de hacer llover".


En 1938, trabajando en Colonia, Uruguay, Baigorri comprueba que al activar uno de sus aparatos para la determinación de subsuelos, el cielo despejado se empieza a nublar hasta cubrirse completamente.


  
En octubre de 1938 viaja a estación Pinto, Santiago del Estero, lugar atravesaba una gran sequía. Allí, Baigorri instaló y ajustó su dispositivo y ocho horas más tarde se produjo la lluvia. Regresó a Buenos Aires para, según dijo, aumentar la potencia del aparato y lograr así una lluvia más intensa. El 22 de diciembre vuelve a Santiago del Estero con su aparato ya calibrado y a los dos días cayó sobre la provincia un fuerte chaparrón. El regreso de Baigorri a Capital se produjo en tren, después de la navidad. Al llegar a Retiro una multitud lo cargó en andas y lo alcamaba por tamaña proeza.



El titular de la Dirección de Meteorología, ingeniero Alfredo G. Calmarini, intentó poner algo de cordura sobre las afirmaciones de Baigorri.  En referencia a lo sucedido en Santiago del Estero, publicó una nota en el diario Crítica donde negaba el hecho y lo calificaba de “parodia”.  En sus declaraciones decía:
“Ante el conocimiento de los términos, de los alcances y de las proyecciones que se han querido atribuir a los pseudos experimentos de Santiago del Estero, realizados por una empresa particular, y en razón del cargo que desempeño, me veo en la necesidad de declarar que dichas informaciones no constituyen solamente un atentado a la ciencia, sino también al más elemental criterio.  Por ello, la Dirección a mi cargo no está ya interesada en desvirtuar, con nociones técnico-científicas, el carácter de los experimentos y sus posibilidades.  Yo creo que el comentario público, por sí solo, es quien debe desvirtuar tanta imaginación tropical, al punto que estimo que los comunicados de referencia debieron aparecer en un día 28 de diciembre (día de los inocentes) por las razones conocidas”.
Además, Calmarini sostuvo que la oficina meteorológica ya había pronosticado la lluvia que cayó en Santiago del Estero. Continuó su ataque y ridiculización pública del episodio, llegando a publicar después: 
“Según la panacea que se anuncia, ya no tendremos más desiertos y a este respecto, entiendo que los que han defendido este sistema, si lo han hecho con sinceridad se han quedado cortos en las proyecciones del invento, pues si con una cajita se ha conseguido hacer llover en una extensísima zona del país, y haber provocado una perturbación meteorológica característica, que a las 9 del día 24 de diciembre la oficina Meteorológica la había registrado y reproducido en su carta sinóptica que llega a las manos del público, perturbaciones que tienen más de 1500 kilómetros de longitud y que nacieron a la altura de Tierra del Fuego muere en el centro de Córdoba, pasando por Mar del Plata, deberíamos llegar a la conclusión de que aumentando la potencia del aparato y multiplicando en gran cantidad su número, podríamos llegar sin mayor esfuerzo mental al diluvio universal”.
 Como respuesta, Baigorri le envió al director un paraguas con una tarjeta que decía: 
“Para que lo use el 2 de enero, a la madrugada”.
Ese día de 1939 a la madrugada, cayó un chaparrón y la gente le dio el apelativo de “el mago de los cielos”. 


Fue entrevistado por diarios y revistas extranjeras como The Times, de Londres. En la década de 1940 un norteamericano le ofreció mucho dinero por su invento y Baigorri contestó "soy argentino... mi invento es para beneficiar a la Argentina". Los ofrecimientos se sucedieron, pero la respuesta fue siempre la misma. Sólo las feroces embestidas de funcionarios que no estaban de acuerdo con sus planteos, hicieron que Baigorri Velar decidiera retirarse, aunque realizó algunas demostraciones públicas más, para luego desaparecer. En 1951 el gobierno de Perón lo llama para ayudar con la sequía en Córdoba.  A los pocos días no sólo hubo precipitaciones, sino que se desató un tornado. Al ser solicitado por el gobierno “un detallado informe sobre los principios técnicos y científicos de su aparato",  Baigorri se negó y se recluyó en su casa. Sin embargo, la gente ya dudaba de sus méritos: "iba a llover de todos modos", decían.

En 1970,  la "seca" azotaba cuenca del Río Negro en Uruguay. Allí hizo aparición Baigorri, nuevamente. Sin embargo, en esa ocasión no consiguió hacer llover. Por lo cual el gobierno uruguayo no le quiso pagar y el ingeniero le inició un juicio.


Juan Baigorri Velar falleció el 24 de marzo de 1972, a los 81 años de edad, a causa de un problema pulmonar. Nunca más se supo del destino de su invento.


¿Funcionaba de verdad la máquina de Baigorri o era un estafador? De aquellas demostraciones públicas a la fecha han pasado muchos años. La pobre explicación científica que ofreció Baigorri en su momento fue que su dispositivo “consta de una antena especial, que despide rayos electromagnéticos hacia la atmósfera y va produciendo la congestión hasta provocar la lluvia”. Dicha exposición resultaba muy vaga y poco técnica. Su  férrea negativa a revelar las bases científicas de su invento siempre hiceron sospechar a los menos crédulos. Además, hay quienes afirman que los pronósticos de Baigorri no eran tan exactos como se mencionan. Desde que encendía su máquina hasta el momento en que comenzaban las lluvias podían pasar horas o días inclusive, por lo que, en realidad se le estaría adjudicando el efecto (la lluvia)  a la causa de que Baigorri encendiera el aparato, cuando en realidad ambos hechos no tendrían relación alguna, algo que se conoce como cum hoc ergo propter hoc, (o sea que una correlación de dos hechos no implica causalidad). Después de todo, en algún momento iba a llover y Baigorri afirmaría que fue su invento el que lo produjo. También es posible que se arriesgara a afirmar que produciría una tormenta, cuando en realidad ya había sido pronósticada por el servicio meteorológico. Algunas veces metería la pata, y otras veces acertaría, pero sólo éstas úlitmas serían recordadas, debido a un sesgo de confirmación llamado cherry picking, que hace que tendamos más a reconocer las situaciones que nos son favorables y omitamos las muchas que contradicen nuestra posición. Otros personas prefieren creer que fue su aparato misterioso el causante de las precipitaciones: "¡Claro que llovió! … ¡Y cómo!" cuentan los viejos santiagueños refiriéndose a lo ocurrido en 1938. 

Cortometraje documental que reconstruye el día que los argentinos miraron al cielo.


En 1939, el ingeniero Juan Baigorri, sorprendió a Bs. As. afirmando tener la maquina que hacía llover.





Fuentes:

Ceres, Hernán – Baigorri: El mago de la lluvia

El universo y la sociedad – Planetario Galileo Galilei de Buenos Aires –Buenos Aires (1966)

Todo es Historia, Nº 13, Mayo de 1968

Turone, Oscar A. – Meteoritos, Historias caídas del cielo – Buenos Aires (2009).





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