jueves, 29 de diciembre de 2011

Cuentos del tío made in Argentina - parte 1


En esta serie de entregas vamos a hablar sobre algunos inventos e inventores argentinos que consiguieron engañar a políticos, empresarios y hasta a profesores universitarios con sus "cuentos del tío". Para "vender humo" sólo es necesario que existan personas dispuestas a comprarlo y a lo largo de la historia se han tramado muchos engaños y fraudes que han logrado embaucar a más de uno. En algunos casos, los fraudes responden a la necesidad de obtener dinero de algún incauto por cualquier medio, mientras que en otros casos puede ser por megalomanía, para adquirir prestigio y reconocimiento... aunque todo sea pasajero hasta que se descubra el engaño.



La cafetera parlanchina


Marcos Castagno estudiaba ingeniería electrónica en Córdoba.  En el año 2000 le cuenta a un profesor que había ganado el premio al "Estudiante del Siglo" otorgado por la Fundación Motorola por su invento de la Cafetera Parlante. ¿De qué se trataba su invención? Era una cafetera a la cual, se le introducía una moneda y se le pedía en voz alta lo que se deseaba consumir. La cafetera era accionada mediante comandos de voz por parte del usuario.
Marcos, el "inventor", es recibido por el Gob. J. M. de la Sota en su despacho.
El rector se emocionó con la noticia y le comunicó semejante logro a un diputado provincial, que luego llegó a oídos del propio gobernador José Manuel de la Sota y la bola de nieve fue creciendo. El chico se volvió una celebridad y todos los medios cordobeses querían entrevistarlo. Marcos les comentaba orgulloso que su invento, además de reconocer la voz del usuario, podía hablar y su computadora interna podía ayudar a elegir los recorridos del transporte urbano, ya que tenía incorporados los planos de la ciudad.  La hazaña le había costado ocho meses de trabajo en conjunto con otros tres compañeros. En Las Varillas, su ciudad natal, se convirtió en un héroe, a tal punto que llegó a desfilar en el camión de los bomberos por las calles del pueblo. 


Con la fama a cuestas, aseguró que fue invitado a visitar Japón para exponer su invento. El domingo 30 de abril del año 2000 partió con rumbo al país asiático. Sorprendió a todos el  martes siguiente cuando contó que, mientras estaba haciendo escala en el aeropuerto de San Pablo en su viaje a Japón, fue abordado por un grupo comando de unas 15 o 20 personas de apariencia nipona, que lo asaltaron en el baño del aeropuerto. Entre los objetos robados se encontraba la cafetera. "Me dijeron que me iban a hacer boleta si no les daba la clave de mi máquina que ya se habían robado." También aseguró que un acompañante de la Fundación Motorola había recibido un balazo. Su relato resultaba tan inverosímil que puso a dudar a todo el mundo. Una investigación posterior confirmó la farsa: nunca existió el premio, ni la cafetera, ni el asalto,  ni siquiera había salido del país.

En este caso, además de la responsabilidad del engaño por parte del joven, también hay que destacar el rol poco (o nada) crítico del resto de los involucrados: profesores, prensa, políticos, familiares. Todo este engaño pudo llevarse a cabo sin que la farsa fuera muy elaborada. El muchacho ni siquiera construyó un prototipo inútil, ni le puso lucecitas de colores a una cafetera vieja, ni aprendió ventriloquía. Nada de eso fue necesario. Nunca, nadie, dudó del joven inventor, nunca le pedieron que exhiba su invento, ni mucho menos comprobar si era funcional, porque de hecho no existía ni en los papeles.

De todos modos la idea que parecía descabellada -porque... seamos realistas... parece más inútil que cenicero de moto-  fue hecha realidad en 2009 con la  Primula Speak n' Brew, que reconoce algunos comandos de voz sencillos, aunque este modelo no sabe decirnos dónde tomar el colectivo.

La primer cafetera parlante Primula Speak n' Brew.


Fuentes:

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